Hábitos cotidianos y seguridad en el hogar
Uno de los primeros aspectos a tener en cuenta es el control de accesos. Cerrar siempre puertas y ventanas, incluso cuando se está en casa, es una costumbre básica que reduce riesgos. En viviendas alquiladas, reforzar cerraduras con trabas adicionales, pasadores o cerrojos portátiles es una solución simple y económica. También es recomendable no dejar llaves escondidas en lugares evidentes como macetas o bajo felpudos.
La iluminación cumple un rol clave en la seguridad. Mantener bien iluminados los accesos, pasillos y entradas disuade posibles intrusos y evita accidentes domésticos. En el caso de departamentos o casas en alquiler, las lámparas con sensor de movimiento o temporizadores son una excelente alternativa, ya que no requieren instalación fija y pueden colocarse fácilmente.
Otro hábito importante es el orden en los espacios comunes. Objetos fuera de lugar, cables sueltos o alfombras mal apoyadas pueden provocar caídas, especialmente en hogares con niños o adultos mayores. Revisar periódicamente el estado de pisos, escaleras y muebles ayuda a prevenir accidentes que muchas veces se subestiman.
La seguridad eléctrica también merece atención. Evitar sobrecargar enchufes, utilizar zapatillas certificadas y desenchufar aparatos que no se usan reduce el riesgo de cortocircuitos e incendios. En viviendas alquiladas, donde no siempre se conoce el estado de la instalación eléctrica, estos cuidados son aún más importantes.
En la cocina, adoptar hábitos seguros es fundamental. No dejar hornallas encendidas sin supervisión, mantener productos inflamables lejos del fuego y revisar el estado de las mangueras de gas son acciones simples que pueden prevenir situaciones graves. Además, contar con un pequeño matafuego doméstico y saber cómo usarlo puede marcar la diferencia ante una emergencia.
La prevención de incendios también incluye el uso responsable de estufas, calefactores y velas. Mantenerlos alejados de cortinas, muebles y materiales inflamables, y apagarlos al salir de la habitación, son reglas básicas. En el caso de hogares alquilados, es clave asegurarse de que los artefactos estén en buen estado y reportar cualquier anomalía al propietario.
Otro aspecto muchas veces olvidado es la seguridad digital en el hogar. Proteger la red Wi-Fi con contraseñas seguras, no compartir información personal en exceso y ser cuidadosos con compras online también forma parte del cuidado familiar. La seguridad hoy no solo es física, sino también digital.
Para quienes viven en edificios, la convivencia y la comunicación con vecinos suman un plus de protección. Estar atentos a movimientos extraños, no permitir el ingreso de desconocidos y participar de grupos de comunicación del consorcio ayuda a crear un entorno más seguro para todos.
En hogares con niños, es importante adaptar hábitos a su edad: guardar productos de limpieza fuera de su alcance, colocar trabas de seguridad en cajones y enchufes, y enseñar normas básicas de cuidado desde pequeños. En el caso de adultos mayores, asegurar buena iluminación, superficies antideslizantes y accesos despejados mejora la seguridad y la autonomía.
La seguridad en el hogar no requiere grandes cambios, sino constancia y atención en lo cotidiano. Incorporar estos hábitos no solo reduce riesgos, sino que también brinda tranquilidad y bienestar. Un hogar seguro es aquel donde cada detalle, por pequeño que parezca, contribuye al cuidado de quienes lo habitan.